Cómo nació el tango BRONCA
por/by Héctor Benedetti

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La obra
Ocurre algo extraño con Bronca: entre los tangos de corte “político” (género que, dicho sea de paso, nos ha brindado muchos más títulos que los habitualmente citados), este es de una franqueza crítica que no por poética resulta menos brutal. Exento de nombres propios —Colón y Satanás aparecen solo como cosa genérica— y en cambio lleno de alusiones veladas, toda indirecta queda compensada, y hasta resuelta, por el único dato concreto que se menciona: el año 1962. Y a pesar de tan notables caracteres, el recuerdo que ha dejado es mínimo. Si de canciones políticas se trata, puestos a elegir entre tango y tango del mismo autor (Mario Battistella) todos terminarán prefiriendo Al pie de la Santa Cruz, que es casi treinta años anterior.
La letra, como se dijo, perteneció a Battistella, poeta y agente de artistas; la música fue creación de uno de sus representados: Edmundo Rivero.

Su intérprete
El mismo Rivero se encargaría de llevarla al disco, en 1963, acompañado por el conjunto de Mario Demarco. Bronca también fue grabada por la orquesta de Osvaldo Pugliese; este tango no podía pasar desapercibido para un director tan comprometido con la militancia política. Era su cantor Alfredo Belusi.

La historia con letra chica
“¡Qué tapa que nos metió / el año sesenta y dos…!”, dicen unos versos de la segunda estrofa de Bronca. El 18 de marzo hubo elecciones en la Argentina: el peronismo ganó la provincia de Buenos Aires y otros distritos, lo que llevó a que el presidente Arturo Frondizi anulara el resultado. La maniobra estaba destinada a calmar a las fuerzas armadas; Frondizi no comprendió que era su propia cabeza la que estaban pidiendo los uniformados, fuera quien fuera el ganador de los comicios. El 29 del mismo mes lo destituyeron, confinándolo en la isla de Martín García; como el vicepresidente había renunciado tiempo antes, quien asumió el cargo fue José María Guido, hasta entonces presidente provisional del Senado.
En este contexto de tremenda inestabilidad política, lo vulnerable de la economía nacional y la falacia del “desarrollismo” que pretendiera Frondizi golpearon duro en la población. El nuevo presidente convocó a un antiguo ministro de la “Década Infame” (Pinedo) que se fue a las dos semanas después de no haber dejado desastre por hacer. Lo sucedió en el puesto el ingeniero Álvaro Alsogaray, quien sin proponérselo pasó a la historia del tango gracias a estas líneas de Bronca: “Por seguir a mi conciencia / estoy bien en la palmera / sin un mango en la cartera / y con fama de chabón”. Era la obvia queja hacia aquellos Bonos Patrióticos 9 de Julio, que al poco tiempo de emitirse ya no valían ni siquiera lo que un viaje hasta el Centro para canjearlos.
Pero más gráfico era el estribillo. “Los ladrones van en coche / Satanás está de farra / y detrás de la fanfarria / salta y grita el arlequín”, anotó Battistella. La única interpretación posible era la del paso del auto presidencial, con su mandatario (a quien se lo consideraba un títere de los militares), precedido en acto oficial por la fanfarria del Regimiento de Granaderos.
Y en las radios de todo el país, las etiquetas de aquellos discos que traían Bronca fueron cruzadas con el sello de “Prohibida su Difusión”.
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Bronca how this tango was born

The composition.
Something strange happens with Bronca: among the tangos of “political” cut (a genre that has offered many more titles than the usually mentioned), this one has a critical frankness that is not less brutal because of the fact that it is poetic. It does not name names –Columbus and Satan appear only as generic– but is, on the other hand, full of veiled allusions. All indirect references are compensated, and even resolved, by the only concrete data that is mentioned: the year 1962. And in spite of such notable characters, it is hardly remembered. If the subject is political songs, put in the position of having to choose between tangos by the same author (Mario Battistella) everybody would prefer Al pie de la Santa Cruz, which is almost thirty years older.
The lyrics, as we said, belonged to Battistella, poet and agent of artists; the music was the creation of one of the artists he represented: Edmundo Rivero

The singer
Rivero himself would record it in 1963, accompanied by the ensemble of Mario Demarco. The orchestra of Osvaldo Pugliese also recorded Bronca; this tango could not go unnoticed by a conductor so committed to political activism. The singer was Alfredo Belusi.

The small print part of the story
“What a lid did the year sixty-two put on us!”, some verses of the second stanza of Bronca say. On March 18 there were elections in Argentina: the Perón movement won in the province of Buenos Aires and other districts, which led then president Arturo Frondizi to annul the results. The maneuver was designed to calm the armed forces; Frondizi did not understand that it was his own head that the uniforms were asking for, irrespective of who won the elections. On the 29th of the same month they dismissed him, confining him to the island of Martín García; as the vice president had resigned some time before, José María Guido who up till then had been provisional president of the Senate took on the job.
In this context of tremendous political instability, the vulnerable domestic economy and fallacy of the “policy of economic development” advocated by Frondizi struck the population hard. The new president called an old minister of the “Infamous Decade” (Pinedo) who left two weeks later, after causing every possible disaster to happen. He was replaced by engineer Alvaro Alsogaray, who, without meaning to, passed into tango history thanks to these lines of Bronca: “Because of following my conscience / I am broke/ without a buck in my wallet/ and with the reputation of being a fool”. It was the obvious complaint about the 9 of July Patriotic Bonds, that shortly after being issued were not worth even the cost of a trip downtown to trade them.
But the refrain was even clearer. “The thieves go by car / Satan is out partying / and behind the fanfare / goes the harlequin jumping and shouting”, Battistella said. The only possible interpretation was that of the passing of the president’s car, (who was considered a puppet of the military), preceded in official acts by the fanfare of the Regiment of Grenadiers.
And in the radio stations of the whole country, the labels of those records that had Bronca in them were stamped with the seal of “Broadcasting Forbidden”.
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