Renegando con René - Destrezas / Skills
(“...luna en los charcos, canyengue en las caderas...”)


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Ilustración: Jorgelina Tassara



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Recuerdo mis días de alumna en el viejo colegio nacional. Recuerdo ese universo de ensueños que puntualmente documentaba en mi querido diario. El mundo empezaba a transformarse en una posibilidad infinita mientras yo trataba de hacer equilibrio entre la mujer que todavía no era y la niña que ya no volvería a ser. Eran los tiempos de “los que se pelean se aman” y otras verdades de cotillón: la indomable adolescencia –con ese aire de bobería tan pintoresco– nos hacía entender la vida con frases robadas del horóscopo semanal. Pero el tiempo pasó, y hubo que darse cuenta de que esas verdades de rotisería eran tan irremediablemente cursis como redondamente huecas; absolutamente impotentes para explicar un mundo que resultó ser complejo, contradictorio hasta la crueldad, ilógico y desesperado.
Sin embargo, hay algunas de esas sentencias que lograron camuflarse y hoy transitan sin ser molestadas por el lenguaje y el pensamiento de gente adulta… “Te comprendo pero no te justifico”, dice alguno creyéndose el gran tribuno; tarde o temprano alguien le aclarará que esa contradicción lo único que pretende es perdonar los propios instintos… Más allá, sin sonrojarse, alguna se declara partidaria del impracticable “si amas a alguien déjalo libre”… Gente grande; ¿será posible?
El tango tiene su propio elenco de enunciados impostores, verdades discutibles que son repetidas sin pensar y que en el mejor de los casos apenas deberían aspirar a la categoría de hipótesis. Repasemos: ¿Quién está tan seguro, a esta altura del partido, de que siempre “en el giro todos los pasos son iguales”? ¿Debemos todavía seguir creyéndole a aquellos que –luego de revolear a una dama– aseguran con frescura que “el hombre que baila bien hace lucir a la mujer”? Se dice que “antes cada barrio tenía su propio estilo de baile” ¿Alguien está en condiciones de ilustrar las diferencias entre el estilo de Coghlan y el de Parque Chás?...
Dentro de esta categoría de falacias tangueras hay una que postula que “cada uno baila como hace el amor”. Se advierte cierto paralelismo entre el modo de moverse bajo la penumbra discreta de la pista y la manera de conducirse bajo el cobijo indiscreto de las sábanas. Por consiguiente, observando atentamente a alguien que milonguea se puede intentar una traducción de sus movimientos de baile al inmemorial lenguaje de los placeres de alcoba.
Curiosa teoría. Inquietante, sugestiva, provocadora…
Curiosa teoría que esta cronista está en condiciones de rebatir, si no por método analítico al menos por comprobación estadística… Entendámonos: sobran las gratas sorpresas tanto como los chascos.

La adolescencia pasó y se llevó para siempre su soberbio carnaval de ruidos. Entonces, en el silencio atroz de la adultez, nos dimos cuenta de que había que ponerse a aprender en serio. Aprender cuesta, y tanto el baile como el amor son de ese tipo de destrezas que solo se maduran con el tiempo. Y puesto que nadie está exento de crecer desparejo, ya no reservo las grandes fantasías solo para los mejores bailarines…
Tango y amor: hay gente que dedica un gran esfuerzo a mejorar su baile.
Amor y tango: hay gente que elige repartir sus energías en forma más equitativa.
Copyright © El Tangauta 2007


Skills
(“...luna en los charcos, canyengue
en las caderas...”) (1)
I remember the days as a student in my old high school. I remember that universe of daydreams that I so promptly documented in my beloved diary. The world began to change into an infinite number of possibilities while I tried to balance the woman that I was yet to become with the girl that I would not be again. Those were the times of “If there is love there are fights” and other cracker box truths: our untamable adolescence –with its picturesque air of stupidity– made us explain life with phrases stolen from the weekly horoscope. But time passed, and we came to the realization that those rotisserie truths were as inevitably corny as they were entirely hollow; utterly impotent to explain a world that turned out to be complex, contradictory to the point of cruelty, illogical and desperate.
Nevertheless, there are some of those sentences that managed to camouflage themselves, and today they still travel, through the language and the thoughts of adult people, without being challenged… “I understand you but I do not justify you”, she says believing herself to be a roman tribune; sooner or later someone will point out that that contradiction’s only intention is to forgive one’s own instincts… Even more, without blushing, someone will declare herself in favor of “if you love someone you have to set him free”… Come on, we are talking grown–ups here, how is this possible?
Tango has its own cast of impostor statements, debatable truths that are repeated without thinking and that in the best of cases should barely aspire to the category of hypothesis. Let’s review some: Who is so sure, at this point of the game, that always "in a turn, all the steps are the same length"? Should we continue to believe the guy who –after spinning a woman around– coolly asserts “the man that dances well shows off the woman”? It is said that “in the past each neighborhood had its own style of dance” Is anybody in the position to illustrate the differences between the style of Coghlan and that of Park Chás?…
Within this category of tango fallacies there is the one that advances the theory that “each one dances as he makes love”. A certain parallelism is drawn between the way someone moves under the discreet twilight of the dance floor and the way he or she behaves under the indiscreet protection of the sheets. Consequently, by closely observing someone dancing at a milonga one can attempt a translation of these dance movements into the ancient language of bedroom pleasures.
Curious theory. Disturbing, alluring, provocative…
Curious theory that this columnist is in a position to refute, if not by analytical method at least by statistical verification… Let us understand each other here: there are as many pleasant as there are disappointing surprises.
Adolescence, with its proud carnival of noises, is gone. Afterwards, in the atrocious silence of adulthood, we realized that we had to start to learn in earnest. Learning is hard, and both dancing and lovemaking are the type of skills that you only grow into with time. And since nobody is exempt from growing unevenly, I no longer reserve my fantasies only for the best dancers…
Tango and love: there are people who dedicate a great deal of effort to improve their dance.
Love and tango: there are people who choose to distribute their energies in a more equitable way.

(1) N.T. verse from El Choclo, version of Discépolo – Marambio Catan: “…moon on the puddles, canyengue on the hips…”
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