por/by Héctor Benedetti

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La obra
¿Quién no ha entrecerrado los ojos, dejándose llevar por los recuerdos, al escuchar este tango? ¿Qué oyente no ha detenido su trabajo para prestar atención a la orquesta de Ángel D’Agostino, con la voz de Ángel Vargas, repitiendo desde la radio “Yo soy del barrio de Tres Esquinas, viejo baluarte del arrabal…”?
Tuvo dos nacimientos, y desde luego dos bautismos. Primero fue Pobre piba, que surgió como un tango instrumental en 1920. Instrumental y circunstancial, porque fue elaborado, o improvisado, al solo efecto de acompañar cierta escena de una obra teatral menor —titulada Armenonville— que entonces representaba la compañía Arata-Simari-Franco en el teatro El Nacional. Cuando la pieza bajó de cartel, el tango la acompañó y fue a parar a un cajón durante veinte años.
En 1940, milagrosamente, reapareció. Fue una madrugada en la boite Chez Nous, a esa hora en que las coperas ya pasaron por caja y los mozos están poniendo las sillas sobre las mesas. En torno al piano continuaba la tertulia. D’Agostino recordaba aquel viejo tango suyo. Estaban Enrique Cadícamo y Alfredo Attadía, uno de los bandoneonistas de la orquesta. Vargas también se había quedado un rato más. De pronto, la magia: lo que D’Agostino estaba repasando como al descuido era genial.

Su intérprete
Debía intentarlo otra vez. Minutos antes habían estado evocando sobre los comienzos de D’Agostino en el café Cabo Fels, del barrio de las Tres Esquinas, que estaba por Montes de Oca y Osvaldo Cruz: ya tenían el nuevo nombre y la inspiración para los versos. Cadícamo borroneó algo, Attadía terminó de arreglarlo musicalmente y Vargas cantó el “monstruo”, como suele llamarse al primer esbozo estructural del poema. Era el comienzo de un éxito increíble.
D’Agostino-Vargas no fueron sus únicos intérpretes, pero sí los indiscutidos, los que quedaron para siempre vinculados a la melodía. La grabaron para discos Victor el 24 de julio de 1941.

La historia con letra chica
Tres Esquinas se llamaba la estación de una línea que ya no existe: el Ferrocarril Buenos Aires y Ensenada. El empresario Guillermo Wheelwright había obtenido la concesión para construirlo en 1857. Partía de lo que hoy es la esquina de Paseo Colón y la calle Venezuela, e iba por un viaducto de fierro, importante obra de ingeniería de la época, hasta Casa Amarilla. Todavía está ese viaducto, aunque nadie pueda verlo: se encuentra soterrado, ya que al clausurarse fue más barato taparlo que desarmarlo.
El 18 de septiembre de 1865 se inauguró el servicio de Venezuela a Tres Esquinas, pasando por Casa Amarilla, General Brown y Barraca de Peña. En abril de 1872 se habilitó hasta Quilmes y el 31 de diciembre de este año llegó, por fin, al puerto de la Ensenada. Merced a una prolongación, durante un tiempo los trenes partieron de la Estación Central: un gran edificio que estaba detrás de la Casa Rosada y que un incendio destruyó por completo en 1897. Un año después del siniestro la línea fue adquirida por el Ferrocarril Sud, que más tarde alteró su traza y un día dio de baja para siempre a aquella parada de Tres Esquinas, pues los trenes solo serían despachados —como sigue haciéndose actualmente— desde Plaza Constitución, con diferente recorrido.
A mediados del siglo XX, la estación fue demolida. El tango perduró.
Copyright © El Tangauta 2007


Tres esquinas
(Three corners)

The composition.
Who has not been carried away by memories, while listening to this tango with eyes half-closed? What listener has not stopped what he is doing to pay attention to the orchestra of Angel D' Agostino, with the voice of Angel Vargas, repeating from the radio “Yo soy del barrio de Tres Esquinas, viejo baluarte del arrabal…” (I am from the neighborhood of Tres Esquinas, old bulwark of the suburbs…)?
It had two births, and of course two baptisms. First it was Pobre piba, an instrumental tango of 1920. Instrumental and circumstantial, because it was written, or improvised, to the sole effect of accompanying a certain scene of a smaller play —titled Armenonville— performed then by the company Arata-Simari-Franco at El National theater. After the play’s final performance, the tango accompanied it and ended in a drawer for twenty years.
In 1940, miraculously, it reappeared. It was an early morning at the nightclub Chez Nous, that hour in which the hostesses have already checked out with the cashier and the waiters are putting the chairs on the tables. The evening gathering still continued around the piano. D' Agostino recalled that old tango of his. Enrique Cadícamo and Alfredo Attadía, one of the bandoneon players of the orchestra were there. Vargas had also stayed longer. Suddenly, the magic: what D' Agostino was reviewing in passing was brilliant.

The singer.

He had to try again. Minutes before that they had been evoking the beginnings of D' Agostino at the café Cabo Fels, in the neighborhood of Tres Esquinas, close to the intersection of Montes de Oca and Osvaldo Cruz: they already had the new name and the inspiration for the verses. Cadícamo scrawled something, Attadía finished arranging it musically, and Vargas sang the “monster”, as the first structural outline of the poem is called. It was the beginning of an incredible success.
D'Agostino-Vargas were not the only performers, but they are, undisputedly, the ones that remained forever linked to the melody. They recorded it for Victor on July 24, 1941.

The “small print” part of the story.
Tres Esquinas was the name of the station of a train line that no longer exists: the Ferrocarril Buenos Aires y Ensenada. Businessman Guillermo Wheelwright had obtained the concession to build it in 1857. It took off from what is today the corner of Paseo Colón at Venezuela Street, and went through an iron viaduct, an important engineering work at the time, to Casa Amarilla. That viaduct still exists, although nobody can see it: it is buried, since, upon closing it, it was cheaper to cover it than to dismantle it.
On September 18, 1865, the service from Venezuela to I was launched, passing through Casa Amarilla, General Brown and Barraca de Peña. In April of 1872, it was extended to Quilmes and on December 31 of that year it reached, at last, the port of Ensenada. Thanks to an extension, for some time the trains left from Central Station: a great building that was behind the Casa Rosada and that was destroyed completely by a fire in 1897. A year after the fire the line was acquired by Ferrocarril Sud. This company later changed the route and one day dropped for ever that stop of Tres Esquinas, since trains would only leave—as they do still today— from Plaza Constitución, with a different itinerary.
In the middle of the 20th century, the station was demolished. The tango remained.
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